sábado, 6 de febrero de 2016

Aciertos, errores...



Cuando ella las pronunció, en ese tipo de secuencia de plano contra plano que a veces parece simular que el espectador es un privilegiado contertulio de los protagonistas, sus palabras se me quedaron dentro de los oídos.

Sabía que, tarde o temprano, escribiría sobre ellas, que me iluminarían un trocito de pensamiento en los días siguientes y, aunque resultaran difíciles de asimilar sin poner algunas importantes objecciones, algo de ellas me llamaba.

"Algunos de los mejores momentos de la vida, fueron errores", decía Uma, clavándome su mirada azul sobre el sofá. Una contradicción, una paradoja, una frase comercial, un pensamiento inútil... quizás, sencillamente, una mentira.

Más tarde, cuando te hacen saber del ridículo que vino dos días después de haber sentido un alivio que tú hubieras vuelto a balbucear con alegría, piensas en los errores, en cuál es el motivo, la causa, que convierte el efecto positivo en negativo. En dónde está la línea que divide los errores de los aciertos y, sobre todo, en cuándo unos se transforman en otros.

Se me ocurre que los mejores momentos, esos que guardo dentro de una cajita del pecho, no son errores ni aciertos, y que nadie debería tener poder suficiente, ni siquiera uno mismo, para convertirlos en naufragios.

Porque no sabemos lo que sentiremos en el futuro, porque no sé lo que escribiré mañana, quiero mantener en la tinta de hoy y en el papel que atraviesa el tiempo las palabras que digo, para que me recuerden lo sentido antes de que la memoria y la luz de otros tiempos las conviertan en mentira.

Y, al respecto de la película, se me ha ocurrido modificar la frase para hacerla verdadera y escribir aquí, como contradicción, como paradoja, como frase comercial, como pensamiento inútil, quizás, como mentira, que algunos de mis mejores errores, primero fueron aciertos.

Aunque la verdad que nunca podrá ser mentira, el acierto que nadie trocará en equivocación, es que algunos de los mejores momentos de mi vida, los he vivido en ti, por ti, contigo.



COLLAGE

Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.

(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)

jueves, 4 de febrero de 2016

Mientras tanto




Mientras tanto

Quizá las cosas
tengan que ser así de escasas,
quizá la felicidad
sólo pueda ser disfrutada
con cuentagotas,
quizá sea necesario no tenerse
para que el amor arda,
quizá no haya veneno que mate
más despacio que la rutina.

Y el tiempo mientras tanto,
eso es la vida.

Quizá las cosas se rebelen,
la felicidad se me atragante,
el amor se convierta en ceniza
y el veneno me deje indemne,

pero el tiempo mientras tanto,
eso es la vida.

domingo, 24 de enero de 2016

Se esfumó



Se esfumó

Se me esfumó un poema.
Se fue con viento fresco,
evanescente, apenas sin dejar rastro.
Sólo un escalofrío húmedo
como un ente del otro lado
que te sopla a la oreja
y te clava ojos invisibles
y te lee sin palabras
la espina dorsal,
la corriente sanguínea,
los sueños, el metatarso,
los secretos menores y mayores,
el hueso sacro,
las ideas, las penas, las alergias,
hasta el centro de la médula
y la memoria y sus fallos.
No lo noté entonces.
Pero abrí la ventana,
miré a lo lejos,
ordené los cojines del cuarto,
encendí un incienso
y me quedé pensando
que algo había volado.
La temperatura bajó levemente.
Me dí cuenta con un tenue soplo
que dejó un nudo
hueco en mi garganta.

(Estela Aguilar y su hambre de letras)

Huella



Firma huella

De un modo único, personal, reconocible,
mis ojos recorren esta procesión de hormigas
que avanza sobre lo blanco,
o la inexplicable belleza de un cuadro
arrugado en una lejana galería.

Nadie más que yo puede repetir el trayecto
que mis dedos surcan en tu rostro,
sólo mi lengua, sólo tu pecho,
pueden establecer el mismo baile
o la misma travesía que gobierna
estas dos respiraciones entrecortadas.

Cada palabra que nos decimos
sólo podemos decirla nosotros,
por muy comunes que sean el significado
y la presión que los labios de los otros
ejercen sobre el vocabulario.

Sólo tú puedes leerme como me lees,
mirarme como me miras,
rozarme sin más esfuerzo
que el de mover los labios.

Tuya es la huella que me está dejando
este tiempo de tránsito y de frontera.
No hacen falta documentos que acrediten
el picor de esta esperanza ilusa,
el ardor de las horas confusas
y el humor que me revuelve la vida.
De tu ausencia y tuya
es la firma que llevo escrita.

viernes, 22 de enero de 2016

Inventarte



(Fragmentos de la película Ruby Spark)

(Textos entresacados de Alguna mentira que te fascine)

Dejarlo


DEJARLO
Dejar el tabaco
tiene su momento.
Buscar la jugada perfecta,
sin dolor.
Se te ve muy bien.
Dime en qué farmacia
compras las pastillas esas
para dejarlo;
el amor, digo el tabaco.
El síndrome de abstinencia
me está matando.

(Estela Aguilar Jiménez, con su hambre de letras)

domingo, 17 de enero de 2016

Falta de vocabulario


(Escenas de la película -- Still Life)

Falta de vocabulario

Comencé una caricia el jueves por la tarde
JOSÉ CARLOS ROSALES

Qué ternura, o quizás no sea la palabra,
discutir sobre colores por teléfono,
planear la vida próxima, el siguiente agua,
rodar entrelazados sobre un texto
como si fuese una suave cuesta
o una cama,
caminar sin rumbo por la casa
buscando el rincón donde sentirse más cercanos,
mirar al infinito mientras se le habla
a las paredes.

Quizás ternura no sea la palabra
y haya que inventar un gesto alternativo,
un color luminoso, una nota musical nueva,
otro concepto de silencio.

Qué ternura, aunque quizás no sea la palabra,
combatir el frío de las noches
rozando espalda contra espalda,
bendecir alguna tarde desastrosa
con una caricia tuya impúdica y osada,
pulsar con locura el timbre de la alegría
y aparcar el mundo en el cruce de un beso
con la calle Ganivet.

Si al final resulta
que ternura no ha sido nunca la palabra,
perdóname esta falta mía de vocabulario
a la que tengo que agradecerle
que te vayas dejando enredar
en la médula de los poemas,
sobre el corazón de la memoria,
en el centro de mi vida.



CARICIAS CRUZADAS

Comencé una caricia el jueves por la tarde,
pero sonó el teléfono, llamaron a la puerta,
la caricia se quedó aplazada.

También otras caricias quedaron en suspenso
para seguir más tarde, después, al día siguiente:
las caricias se enredan, las que están acabando
con las que empiezan hoy, aquellas que se alargan
ocupando semanas con aquellas que duran
décimas de segundo.

Contigo las caricias empiezan, no se agotan,
nunca acaban, parecen
conversaciones que se cruzan,
palabras que nos llevan.

(José Carlos Rosales, Poemas a Milena, 2010)