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sábado, 13 de febrero de 2016

Lluvia, otra vez



Ha cambiado el insomnio viejo por otro nuevo. Se le desgranaba la noche como una margarita de deseos, se enredaba en rostros difusos o en versos por escribir. Se levantaba y se escurría entre las pantallas buscando hueco.

Pero el insomnio es otro ahora, uno de margaritas con un sólo pétalo, con un solo rostro nítido, con versos escritos por otros. Se queda enredado en la almohada y desiste de las pantallas, porque sabe que el hueco no está.

Una hora más y la extrañeza de levantarse idéntico, es lo que le ha traído esta noche. Aunque la luna, tapada con nubes, ni siquiera se ha enterado del vaivén de los párpados.

El pensamiento se ha levantado libre de pastillas, mucho más despejado que el cielo. Ha vuelto, por fin, la lluvia y se acaba el desierto. Se ve que él necesitaba nubes en el cielo que ahuyentaran las de su cabeza.


PROLONGADAS AUSENCIAS

Prolongadas ausencias
se adivinan en los brazos mojados
de las sillas, cansadas
de esperar bajo el agua
la mañana de la resurrección,
el brillo de la vida
que viene con el sol.

Quién sabe qué recuerdos
de café compartido,
de citas clandestinas,
de esperas impacientes,
cuánta vida atrapada
bajo cada pedazo de aluminio,
cuánto tiempo perdido
mientras resuelve el clima,
también, nuestro futuro.

(Javier Bozalongo, Viaje improbable, 2007)

domingo, 7 de febrero de 2016

Luz sin sombra



LUZ SIN SOMBRA

Las citas clandestinas
tienen los ingredientes
que hacen de la locura
un hecho cotidiano:
sales de la oficina saludando
al tiempo que consultas el reloj;
te subes en el coche
dejando que el deseo tome el mando.

No eres tú quien decide:
tu vida la conduce quien te espera.

Queda luz a la vuelta. Luz sin sombra.

(Javier Bozalongo, Viaje improbable, 2008)