A mediasMil veces me he dicho que las verdades a medias son las peores mentiras. Y mil veces me he mentido, queriendo creer a medias lo que los demás me señalaban como verdades. Pero caigo en la cuenta de las mentiras a medias que necesito para sobrevivir al desamparo de mi propia candidez.Para mí no es sencillo explicarlo porque yo sólo lo entiendo a medias. Las únicas mentiras que me asustan y me dejan sin aliento, son las que siempre he sabido y escuchado a media voz en tus labios. Porque necesito creérmelas a medias para encontrar aire que respirar contigo.El día que decidas no estar y deje de oirlas, no sé si las seguiré creyendo. O dejaré también de habérmelas creído, para poder soportar, a medias, la verdad que dejes conmigo. Querer creer mentiras siempre pinta de color triste el camino.Las verdades a medias son las peores mentiras. Las mentiras a medias quizá sean, quién lo supiera, las peores verdades.
(Instanteca, 25-10-2006)AJUSTE DE CUENTAS
Reconozco, alma mía, tu candidez.
Sé que malherida mientes
detrás de una sonrisa
por no devolverle al mundo
su verdad y su miseria.
Pero reconozco también tu pereza,
tu desprecio, tu indiferencia;
sonríen cuando tú sonríes
y dejan creer que crees
que tus amigos son, al fin y al cabo,
tus amigos, que tus amores
te quieren según dicen, vamos,
que te quieren, que esta vida, en fin,
es la vida, más o menos.
(Ángeles Carbajal, La sombra de otros días, 2006)
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sábado, 25 de junio de 2016
La sombra de otros días
Un recuerdo que me has despertado, locaporlaluna...
jueves, 24 de diciembre de 2015
Abominario navideño
Abomino los fastos que se expenden como si fuesen una cura contra la pobreza, abomino esa felicidad de mercadería que se lanza envuelta en frases conmovedoras de temporada.
Detesto el derroche de luces que no consigue ocultar las miserias. Odio la palabra “libre” cuando se deja pisar por un anuncio publicitario. Abomino la alegría y el dolor convertidos en espectáculo televisivo. Me revientan los telediarios que se dedican con voz afectada a las matanzas ajenas mientras pasan de puntillas por las escabechinas propias.
Abomino también a quienes esconden la cabeza en alguna tristeza para no ver las luces, como abomino a quienes esconden la cabeza en las luces para no ver la tristeza.
Abomino a quienes ya lo sabían y pudieron dormir a pierna suelta. No soporto a los que resumen el amor y la familia en una comida o en una noche, por buena que sea.
Me dan dentera los finales felices de las películas, especialmente esas en las que los malos acaban haciendo algo bueno y parece que no hay más cojones que perdonarles las putadas anteriores.
Desprecio profundamente a aquellos que cuando piensan en un regalo, sólo consiguen imaginarse un algo que se compra.
Detesto, en fin, a todas esas personas de buena voluntad a las que siempre hay que suponérsela. Quizás esta noche, precisamente por eso, me deteste también a mí mismo.
QUÉ EXTRAÑA TODA ESA GENTE
Qué extraña toda esa gente.
Llenan los comercios, las calles, las oficinas,
amables, bien vestidos, sonrientes.
Qué extraña toda esa gente
a la que el corazón sólo obliga
a dejar de fumar y
hacer ejercicio moderado.
(Ángeles Carbajal, La sombra de otros días)
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